Muchas veces pensamos que los niños usan demasiada tecnología, ¿qué pensarías si tu hijo fuera al instituto a construir un dron? La tercera edición de la Feria Aérea celebrada en Valencia el pasado viernes ha demostrado que pueden ser una excelente herramienta educativa. Mil alumnos de entre 12 y 18 años han participado en el proceso de creación de un dron con finalidad social o medioambiental. De esta manera, no sólo han aprendido el proceso tecnológico, sino que lo han orientado hacia la concienciación sobre valores mucho más importantes.

La primera etapa del proyecto duró de noviembre a enero, cuando los 150 profesores inscritos asistieron a cursos formativos. A partir de entonces, trabajaron con sus alumnos para crear un proyecto que pusiera en relación la tecnología con la sociedad. Uno de los equipos participantes en la Feria Aérea, por ejemplo, creó un dron para que las mujeres puedan colar por encima del machismo. Para conseguirlo, primero se hizo un repaso a las relaciones que habían tenido históricamente la tecnología con las sociedades, seguido de un a introducción a la teoría del vuelo. A partir de entonces, los grupos se pusieron manos a la obra y el resultado fue muy satisfactorio. En la Feria Aérea los alumnos presentaron sus proyectos y pudieron ver los trabajos de sus compañeros.

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Esta interesante iniciativa nos ha hecho pensar en el concepto de “learning by doing” (aprender con la práctica). Surgió en el siglo XIX con la obra del prestigioso pedagogo Johann Heinirch Pestalozzi, quien definió esta forma de aprender como “un equilibrio entre la cabeza, el corazón y la mano”. Es decir, que hay un aprendizaje cognitivo, afectivo y psicomotriz.

Se puede aplicar a todos los niveles, no necesariamente hay que crear un potente dron, sino que se puede empezar por cuidar un pequeño huerto con los niños. A partir de esa experiencia llena de aciertos y errores se puede llegar a sacar una regla general, en lugar de explicarla primero en el aula de forma muy abstracta como habitualmente se hace.

Los roles de profesor-alumno tradicionales también dan un giro, ya que no se concibe al profesor como instructor, sino que los alumnos se sienten como aprendices activos de un maestro. Ellos mismos pueden construir su conocimiento, añadiendo los inputs que genera el proceso de creación de algo nuevo a la información que ya conocían.

El concepto de “aprender haciendo” también implica que los alumnos sean más conscientes de sus órganos sensoriales y cómo pueden ayudarles a construir una realidad distinta para cada uno, alejándose de una única explicación conjunta. Esto, en muchos casos, aumenta la autoestima y el rendimiento escolar de muchos niños que no están hechos para escuchar explicaciones largas e incomprensibles para ellos. Además, aunque el proceso se pueda hacer de forma individual, fomenta el aprendizaje cooperativo, ya que todos los alumnos son parte de la misma experiencia.

¿Te gusta la idea del “learning by doing”? Puedes mirar el siguiente vídeo si quieres conocer mejor cómo se aprende pasando directamente a la acción. 

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