La Escola Pia de Mataró tiene más de 2600 alumnos que van desde infantil a ciclos formativos. Charlamos sobre la organización de un gran centro educativo con Toni Aguilar, su director.

¿Cuál es la principal dificultad de dirigir un centro con tantos niveles educativos, con alumnos que van de los 3 años hasta la edad adulta?

La dificultad para el “dire” es llegar a todas partes. Es imposible. Pero uno quiere tener cierta presencia en todas las etapas. Evidentemente, sin un buen equipo – que lo tenemos– gestionar el colegio sería imposible. Tenemos una buena estructura, con un personal implicado y comprometido con la institución y el colegio.

El trabajo en equipo y una cultura de liderazgo es esencial: todas y cada una de las personas que trabajamos en el centro somos fundamentales para su funcionamiento, todos somos protagonistas en el colegio.

¿Qué te hace sentir más orgulloso de la Escola Pia de Mataró?

Es difícil elegir una única cosa. En muchos momentos del año tengo la profunda sensación de ser una persona muy afortunada: por una institución comprometida con el cambio social y pedagógico; por unos compañeros implicados y trabajadores y por unos alumnos con un talento y sensibilidad espectaculares.

Es una gran responsabilidad representar al colegio e intentamos que todo el trabajo, que es mucho, se haga de la mejor manera y que sea visible cada día.

¿Qué método pedagógico seguís a nivel de centro?

Hace más de diez años que el colegio hizo público un documento fundamental: el documento de estilo de Escola Pia de Catalunya. Éste pone de manifiesto qué institución educativa queremos ser, cómo tenemos que ser los profesionales que trabajamos y qué tipo de alumno debería salir de nuestras aulas. Es un documento fundamental, es nuestra guía y la definición de lo que somos y queremos ser.

Después de años de estudio y preparación estamos implementando un cambio profundo en los 20 colegios de la institución. Se trata del innovador proyecto SUMMEM, que tiene dos bases principales.

De un lado, la interdisciplinariedad, que implica que en distintos momentos del curso los alumnos no trabajan por asignaturas, sino por itinerarios de aprendizaje. Éstos les permiten trabajar globalmente a partir de retos. En segundo lugar, el trabajo cooperativo tiene una gran importancia. Los itinerarios de aprendizaje se trabajan conjuntamente, en grupos de 4 alumnos estables en el tiempo.

Este proyecto, que se aplicará desde infantil hasta bachillerato, tiene otros elementos muy importantes: una formación intensa del profesorado que transforma metodológicamente lo que hacemos y nuestro papel como educadores. También hay un plan de implementación establecido con una filosofía de liderazgo muy distribuida.

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Los alumnos tienen cada vez más contacto con la tecnología durante su día a día. ¿Esto se nota en clase, por ejemplo, en los niveles de atención?

Es un debate interesante. ¿Tenemos alumnos con menos capacidad de concentración? ¿Es culpa de las tecnologías? No está claro. Lo que sí detectamos es que están acostumbrados a tener muchos inputs y gestionarlos es su mundo. Esto nos hace plantear que tenemos que ayudarlos a crear rutinas de concentración, a comprender que no todas las cosas son inmediatas en la vida, a aprender a retardar las recompensas para elegirlas con criterio y de manera crítica. Si no lo hacemos, tendremos personas más inmaduras, vulnerables y manipulables.

Lo que no tengo claro es que esto sea culpa directamente de las nuevas tecnologías; en todo caso, puede serlo del mundo de la inmediatez en que vivimos: queremos algo y la tenemos de forma casi inmediata y sin apenas esfuerzo. El valor del esfuerzo es un elemento a trabajar y lo podemos hacer de muchas maneras: dando valor a los éxitos que conseguimos con esfuerzo, a partir de actividades lúdicas como hacer montañismo o desde el deporte, que es sumamente importante para nuestros niños y jóvenes.

¿Utilizáis mucho la tecnología en las aulas?

No queremos ser un colegio ultratecnificada ni tampoco sin tecnología; queremos ser un colegio real. Con esto me refiero a que tenemos que dar respuesta a las necesidades y realidades de nuestro mundo y entorno. Por eso hace años que estamos trabajando y asumiendo los retos tecnológicos que tenemos por delante.

Hemos ido formando al profesorado, preparando los tres edificios desde el punto de vista de la conectividad, dotando las clases de elementos de proyección interactiva. Ahora estamos en el momento de estudio para introducir los dispositivos de forma más generalizada. En este sentido estamos introduciendo tabletas en infantil, Chromebook en ciclo superior de primaria y ordenadores de uso personal en secundaria. En los estudios postobligatorios los alumnos ya traen un dispositivo cuando lo necesitan. Todo está en estudio y con una reflexión profunda por parte de nuestros profesionales, haciendo pequeños pasos, pero en firme. Los cambios profundos no se pueden hacer en un día.

Nuestra idea es naturalizar la tecnología en el colegio, siempre al servicio de la pedagogía. Primero pensamos qué queremos enseñar, luego cuáles son las mejores herramientas para hacerlo. Para nosotros el ideal es que en la mochila del alumno haya una carpeta, un libro y un dispositivo, así pueden utilizar cada cosa cuando sea necesaria. En estos momentos sería una irresponsabilidad no educar en el uso de las tecnologías y desaprovechar la oportunidad que tenemos delante nuestro.

¿Crees que hace falta hacer una gran inversión en TIC para que sean útiles dentro de un colegio?

Rotundamente, no. Creo que se tienen que encontrar las herramientas más útiles para cada necesidad. Es cierto que las infraestructuras no son baratas y nos tienen que ayudar, tienen que simplificar el trabajo en las aulas. No hay nada peor que introducir una innovación o cambio para tener experiencias negativas: el WiFi no funciona, la pdi se desconfigura, el ordenador tarda 10 minutos en arrancar… Hay que encontrar el punto medio y dotar de los recursos necesarios, ajustados a lo que pretendemos hacer en el aula.

Actualmente, podemos tener tecnologías a precios asequibles. Pero lo que no podemos pretender es pedir a las familias los mismos gastos que han hecho hasta ahora en material escolar y, a parte, la compra de dispositivos. Hay que encontrar el equilibrio y ganar en calidad educativa. Esto requiere una implantación progresiva y trabajo por parte de todos.

Los resultados educativos en España no son muy satisfactorios a nivel europeo, ¿cuál crees que es el principal problema?

Cuando hay un problema de semejante magnitud su origen acostumbra a ser diverso, igual que su solución.

De entrada, vivimos en un país donde la inversión en educación no es la deseable. No lo es si queremos una educación a niveles de países realmente importantes del continente. Si queremos calidad educativa, innovación y convertirnos en referentes (que podríamos hacerlo) se necesitan recursos, horas de profesores, formación y eso pasa por inversión.

Pero no creo que eso sea el único factor. Potenciar la innovación requiere que nos tomemos la educación como uno de los elementos centrales de nuestro país. Innovar pasa por prestigiar la investigación educativa, que la hay muy buena, y una cultura de la mejora continuada de los procesos educativos.

Pero no soy pesimista. Pienso que estamos en un momento muy interesante de cambio educativo. Hablamos de educación, las familias y los medios de comunicación también lo hacen. Eso es bueno. Muchas instituciones -públicas, concertadas y privadas- están en procesos de cambio e innovación. Muchos de nosotros estamos compartiendo conocimiento y trabajando en red para mejorar la educación del país. Es un buen momento.

¿Cómo ha afectado en tu colegio el debate tan intenso sobre los deberes que ha habido últimamente? ¿Habéis aplicado algún cambio respecto a este tema?

Que haya debate sobre el colegio está bien. No somos un colegio que ponga muchos deberes, aún menos en etapas iniciales. Pienso que el término medio es la solución.

Lo que me parece muy interesante es debatir sobre lo que hacemos en el colegio. Somos uno de los países que más tiempo tenemos a los alumnos dentro de las aulas. Es ahí donde el aprendizaje debe ser significativo y real. Así conseguiremos lo que intentamos suplir con deberes en casa. Que los niños aprendan, tengan conocimientos, habilidades, competencias y valores.

Pero no olvidemos que aprendemos continuamente. Por lo tanto, deberíamos ser conscientes que el aprendizaje se da continuamente y durante toda la vida. Quizá así estaríamos más tranquilos y entre todos ayudaríamos a hacer crecer a nuestros niños y niñas.

¿Qué disposición tienen las aulas en la Escola Pia de Mataró?

Depende de lo que queramos hacer. De hecho, en cualquiera de nuestros tres edificios se puede ver un poco de todo: aulas sin mesa para hacer asambleas, en grupos de 4 o 6, en forma de U para vernos bien las caras, en grupos cooperativos o de forma más tradicional.

¿Crees que el mobiliario y cómo se coloca tiene un papel importante en la predisposición a aprender de los alumnos?

Está claro que la disposición y los ambientes del colegio condicionan el aprendizaje. Debemos tener muy claro qué queremos vivir en el aula, qué emociones, qué nos puede ayudar en ese momento al aprendizaje. En los últimos años estamos introduciendo diversos factores de disposición y atmósfera en distintos espacios del colegio. Se tiene que escuchar la opinión de los profesionales y de los alumnos. Estamos iniciando procesos de reflexión e invitamos a toda la comunidad educativa a participar. Todos tenemos cosas que aportar.

Colaboráis en diversos proyectos solidarios, ¿cuál es el objetivo y cómo inculcáis esos valores a los alumnos?

Forma parte de nuestro ideario, participamos todos los estamentos del colegio. Cada año tenemos un lema que une todas las acciones solidarias y nos permite reflexionar con todo el alumnado sobre temas de relevancia para formar en actitud crítica y solidaria. Los últimos dos años hemos trabajado en profundidad la situación de Siria y los refugiados que se encuentran con dificultades en todo el mundo. Hay un proyecto fantástico de unos alumnos llamado “Netegem la guerra” (limpiemos la guerra) que nos ha ayudado mucho. ¡Aprendemos un montón de los alumnos!

Este trabajo nos permite ir creciendo en nuestra acción social y también poner en juego un elemento que queremos hacer entender a nuestros alumnos: todos somos agentes sociales y agentes de cambio. Todos podemos influir en nuestra sociedad y hacerla mejor, al construimos entre todos. Estos valores también se aprenden a partir de la acción real y concreta. Actuamos para producir cambios reales. Eso también es escuela.