Cada vez más estudios demuestran que aprender no sólo depende de las ganas de los alumnos y los profesores. Están surgiendo muchas necesidades educativas y una de ellas es la de crear espacios que fomenten un bienestar emocional. Está demostrado que el entorno físico influye enormemente en nuestras emociones. Esto ocurre en todos los espacios que pisamos día a día y los alumnos pasan muchas horas entre las cuatro paredes del aula. Así que, ¿por qué conformarse con pupitres aburridos en tonos apagados y paredes blancas sin decorar?

Se ha demostrado que las emociones que se sienten en el aula influyen en la efectividad del aprendizaje. Por ejemplo, la presencia de colores alegres estimula la creatividad. Puede ser que mucha gente aún se cuestione en qué influye la creatividad para aprender matemáticas, por ejemplo. En una formación completa de los alumnos no sólo debe haber una formación científica, sino también artística, física y emocional. A eso aspiran las escuelas mejor valoradas internacionalmente.

Los tonos vivos como el rojo también ayudan a mejorar el estado de ánimo de aquellos que suelen pensar negativamente o son introvertidos. Eso sí, tampoco se debe abusar de los colores. Como dice la educadora Rosan Bosch, no se debe aspirar a crear espacios bonitos, sino a espacios que contribuyan al cambio. No vale abusar de la decoración porque puede llegar a ser sobrestimulante. Lo ideal es tener los elementos justos y elegirlos bien para que creen un espacio tan armonioso como útil.

Por todo esto, diseñamos todos nuestros productos en una amplia gama de colores que estimulen emocionalmente a los alumnos. Así se sienten mejor en clase y, por lo tanto, están más predispuestos a aprender.

De la misma manera que los colores influyen, también lo hace la disposición del mobiliario. Hoy en día, el alumnado es cada vez más diverso por lo que conviene crear espacios flexibles que se puedan adaptar a todas sus necesidades. La cooperación es un valor en alza tanto en el mundo educativo como en el empresarial, así que difícilmente se pueden formar a personas competentes en mesas y sillas colocadas en fila mirando a la pizarra.

Lo que no debe cambiar respecto a la típica aula de hace décadas son las paredes blancas. Es importante que el entorno de aprendizaje sea luminoso y sobrecargar las paredes de colores o elementos decorativos puede jugar en contra.

Todos estos aspectos se pueden cambiar fácilmente para convertir una escuela tradicional con aulas poco estimulantes en una escuela del futuro que genere emoción por aprender. No hacen falta grandes reformas ni inversiones, simplemente distribuir los muebles de forma distinta e ir aportando toques de color al aula.

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